1 de noviembre de 2008

HABLAR DEL OTRO
Esta práctica común tiene más seguidores que el fútbol y ocupa más tiempo que cualquier actividad humana excepto el sueño. La gente vive más preocupada del escándalo y de lo que destruye al vecino, que en exaltar sus logros o remarcar sus cualidades. Todo sitio es bueno para esta práctica, hablamos con la boca llena mientras comemos o subiendo y bajando pisos, también durante los breaks en el estudio o el trabajo.
Se vende mejor lo que huele a escándalo que lo que es considerado honorable. Los famosos ratings de audiencia muestran preferencias por los programas en tiempo real, en los que se exponen las miserias humanas desde las malas costumbres, hasta los complejos, fobias y la escasa formación de los participantes. Se cobra por difamar. Este tipo de programas aumentan cada vez en atrevimiento, hasta que terminan por aburrir y desaparecen. Hay una raza de maldicientes que hablan mal de todos, son expertos en trapos sucios, lo que no saben lo crean. Hablan sin misericordia de cualquier oscuro o notable personaje con el que pueden haberse encontrado alguna vez. Son conocidos en la TV y crean nuevos programas de lo mismo. Muchas cosas no han visto, ni oído, pero "se las han contado otras personas". ¿Podemos hacer algo? Pueda ser que no. La gente es como es y " este es" viene de su hogar, de las relaciones familiares, del respeto entre los padres, de su nivel educativo, de la moralidad que se les inculque y de la tolerancia. Siempre hay un sitio en la mesa para el cotilla y el cuentista, son divertidos. Es más fácil hablar por atrás que enfrentar a otra persona y darle la oportunidad de defenderse. Se hace mucho daño con la palabra puesto que lo que ponemos en duda es el honor o la dignidad de otro ser.

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