26 de octubre de 2008

HISTORIA

HISTORIA DE MIEDO

Era mi primer día en el campamento de verano Praxis; por lo que Cristina y Abenchara, me invitaron a compartir habitación con ellas.

Los días transcurrieron fantásticamente y compartimos numerosos experiencias en los diferentes talleres; sin embargo la necesidad de toda adolescente por encajar en el grupo más popular del campamento me empujó a vivir la peor noche de mi vida.

Sabrina y su grupo fashion nos impusieron una prueba de ingreso que suponía pasar una noche en las cavernas ubicadas en la profundidad del bosque y al igual que cualquier chica en nuestra posición, emprendimos nuestra aventura.

La luna se veía incandescente entre las densas sombras que cubrían el espeso bosque de la ladera, los aullidos de los lobos cortaban el aire, cautivos y sonoros entre los árboles, y la curiosidad anidaba en nuestros corazones un poco temerosos de lo desconocido.

El camino a las cavernas era corto; sin embargo esa noche se me hizo eterno, las ramas parecían abrazarnos y a veces rasgaban nuestros ropajes y las espinas se hincaban en nuestra piel, el frío y la oscuridad nos rodeaban, envolviéndonos en un mar de terror y desesperación.

La estancia en las cuevas no fue muy diferente al resto del viaje, especialmente desde que Abenchara expuso la espantosa idea de jugar a la güija. Comenzamos el misterioso juego aún en contra de las advertencias que las madres nos dan sobre estos temas. Al cabo de un tiempo una extraña voz resonó en lo más profundo de aquella habitación natural, siendo la señal para que todas la abandonáramos dejando una puerta abierta entre el mundo de los espíritus y el nuestro.

Muchas tragedias nos sucedieron a las chicas y a mí después de aquella noche tétrica. Cristina preocupada por nuestra situación investigó en Internet y obtuvo así una respuesta de aquellos extraños sucesos; habíamos dejado un espíritu suelto en nuestra dimensión y aquel se estaba vengando de las personas que habían interrumpido su descanso. Para devolverle a su lugar de procedencia necesitábamos una especie de medallón de plata junto a un rito de magia y el nombre de aquel espectro. Lo más difícil de conseguir fue lo último pues no nos habíamos presentado formalmente con el fantasma ya que en nuestro primer encuentro huimos de su presencia, pero Abenchara se armó de valor (gracias a una pequeña apuesta) y tras una sesión espiritista averiguamos que se llamaba Gabriela Dimoun, una joven francesa que vino de visita a nuestro país pero desgraciadamente nunca regresó al suyo.

Después de una charla muy afectiva con nuestra nueva amiga descubrimos que no quería vengarse sino nos advertía del espectro de su asesino, a quién también trajimos a nuestro mundo; si este se apoderaba de un cuerpo volvería a matar a chicas como nosotras. A mitad de la noche logramos enviar a ambos espectros a su sitio de procedencia, después de una persecución muy extraña y terrorífica al malvado espíritu y un largo ritual.

Desde aquel día he arrastrado en mi mente aquella experiencia o mejor dicho aquella imprudencia que pudo haber costado muchas vidas por unos pocos minutos de curiosidad insatisfecha. Me reconforta pensar que el mensaje de Gabriela llegó a tiempo para enmendar nuestro error y que hemos contribuido un poco a que su espíritu tenga paz.

PD: Esta entrada es la de la semana pasada; no pude escribirla porque mi ordenador no me dejaba entrar en Internet. Lo siento y espero que les guste esta historia.

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