12 de octubre de 2008

LAS BUENAS MANERAS
En la convivencia existen ciertas normas necesarias para que los diferentes elementos de un grupo no se sientan agredidos y exista armonía y lo que podría llamarse “buen espíritu”. El hombre primitivo probablemente marcaba su territorio con señales físicas y con sus gritos. A medida que el hombre se volvió gregario y se formaron primero la aldeas y luego las ciudades, se redujo el espacio físico y se hizo necesario vivir en comunidad En la Grecia antigua, los ciudadanos tenían normas de conducta social e incluso en los espacios familiares había sitios destinados a determinados usos. Aunque los ciudadanos eran exclusivamente varones y con determinadas condiciones en su origen y formación, la educación de sus hijos se hacía dentro del respeto a lo establecido, ya que la sanción más grave era la pérdida de la ciudadanía. Con el tiempo el aumento de tamaño de las ciudades, la falta de infraestructura sanitaria en todos los lugares, en especial en los barrios pobres, hizo que estos sitios sean frecuentados por individuos que no mostraban respeto por la propiedad, ni por la intimidad y además tenían como distintivo una falta total de aseo. Hacemos lo que está socialmente aceptado, hay algunas conductas que podrían ser extrañas o peculiares pero que las permitimos porque no afectan a los demás. En nuestros días con la ciudad vertical, tenemos vecinos arriba, abajo y a los lados, el convivir en paz se ha vuelto un tema muy delicado. Hemos olvidado lo que nos enseñaron nuestros padres de que “nuestro derecho termina en donde empieza el derecho de los demás”. La sociedad es más igualitaria y muchas veces los logros económicos no van acompañados de mejoría en la educación y en las costumbres. Se ha perdido el diálogo y el respeto. Si hace siglos lanzaban piedras para molestar al vecino, hoy nos lanzan decibelios ya que el volumen es proporcional a la agresividad, algunos piensan que su música es universal y que ellos son los encargados de conducir al resto de los humanos hacia su éxtasis musical. Y muchos han perdido la cortesía y las buenas maneras. La gente piensa que el que más grita tiene la razón y la amenaza es una llave que abre muchas puertas pero en la realidad, no se atiende primero al que abusa, sino, al que pide por favor. Oímos tantas groserías que cuando faltan nos extrañamos. Se ha desterrado el saludo especialmente entre la juventud. Vivimos en un mundo violento y competitivo, nuestras insatisfacciones hacen que nos deshumanicemos provocando que la empatía se extingua siendo en la actualidad menos tolerantes.

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